Cualquiera que sea su nombre (Osito, Lulú, Peluchín, Pepito…), siempre hay un muñeco, peluche u doudou con el que el bebé no puede dormirse sin abrazarlo y que lo lleva a todas partes: a la guardería, de paseo, a casa de los abuelos… Es ése que le sirve para tranquilizarse y que es su amigo inseparable. Pero, ¿por qué es así? ¿Por qué los bebés tienen un peluche favorito y si lo pierden o hay que lavarlo montan un drama?

Conejo lapidou con grandes orejas para que lo abrace el bebé FUENTE: chupetitos.com

Conejo lapidou con grandes orejas para que lo abrace el bebé
FUENTE: chupetitos.com

Tener cerca ese objeto de apego le aporta al bebé un bienestar solo comparable al regazo de papá o mamá. Porque lo que ese muñeco, peluche o mantita representa para el pequeño no es otra cosa que todo lo bueno de mamá y papá juntos (amor, seguridad, entretenimiento…), pero en formato de bolsillo; es decir, disponible cuando le apetezca. Por eso, es mano de santo para mantener la calma en los momentos de enfado o estrés (una visita al médico, un disgustillo…) o también a la hora de irse a dormir.

En su peluche favorito, el bebé deposita sus emociones, sintiéndose más aliviados con su cercanía. Normalmente, ese apego se genera, por lo general, en la vida de los bebés entre los cinco meses y el primer año de vida. Entre todos sus peluches, elige uno (y no necesariamente el que nos parece más bonito). El bebé tiene sus propios criterios: su peluche preferido debe ser suave, agradable al tacto y al mordisqueo, y tiene que oler a mamá y a su universo familiar. Es inútil, pues, querer influirle para que elija este u otro peluche. Él tendrá la última palabra.

El peluche favorito del bebé tiene un papel fundamental: es el primer objeto que posee realmente. Su función es hacer la transición entre su burbuja familiar y el mundo exterior, entre lo real y lo imaginario, entre la presencia y la ausencia. Por eso se denomina “objeto transicional”, término acuñado por Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista británico. El peluche preferido te sustituye cuando no estás. Permite, así, que el bebé se tranquilice cuando va a la guardería o está con la niñera.

Doudou Clay Monkey de Happy Horse con opción para personalizar FUENTE: chupetitos.com

Doudou Clay Monkey de Happy Horse con opción para personalizar
FUENTE: chupetitos.com

Es importante que reconozcamos el valor de este objeto para vuestros hijos, por eso en ningún caso debes hacerlo desaparecer. Incluso cuando penséis que ya no le hace caso, o si le veis demasiado mayor, o porque no nos apetece ir cargado de él a todos los sitios. En muchos casos no necesitan jugar con él o llevarlo encima, pero el simple hecho de saber que está ahí, esperándole, les da motivos para sentirse seguros.

Ahora bien, piensa también que sólo tu bebé decidirá el momento oportuno para dejar su peluche preferido, por lo general entre los 3 y los 6 años. Si tiene más de 6 años y aún sigue aferrado a su peluche o su muñequito, hazle entender que ya es mayor, que puede guardarlo en la habitación pero que tal vez ya ha pasado el momento de cargar con él a todas partes.

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