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Como bien sabréis, el apego es aquel vínculo que el bebé se establece con un cuidador principal (normalmente la madre y el padre) y que prevalece por encima de otras necesidades biológicas que tiene el pequeño. El apego se entiende como un vínculo con un lazo afectivo muy fuerte que determinará el desarrollo posterior de la personalidad del niño, su forma de relacionarse con los demás y con todo lo que le rodea. El apego también influirá en como se ve a sí mismo.

El apego es un vínculo muy fuerte entre el bebé y su cuidador principal FUENTE: commons.wikimedia.org

El apego es un vínculo muy fuerte entre el bebé y su cuidador principal
FUENTE: commons.wikimedia.org

Pero, ese apego, que puede puede presentarse de muchas formas, normalmente, se genera en cuatro fases bien diferenciadas: la fase de preapego, la fase de formación del apego, la fase del apego propiamente dicho y la formación de relaciones recíprocas.

1.- La fase del preapego se desarrolla entre las 0 y 6 primeras semanas de vida del bebé. En ese momento, el pequeño podrá aceptar a cualquier persona que le brinde comodidad. Los reflejos que fueron determinados de manera genética cuentan con un gran valor para su supervivencia, además tendrá la capacidad de responder a los estímulos de los demás.

Comienza a darse un reconocimiento rudimentario con la madres, ya que reconoce su voz y prefiere ésta a la de cualquier otra persona, pero aún no se puede decir que exista un vínculo de apego propiamente dicho.

2.- La etapa deformación del apego tiene lugar entre los seis y ocho meses. El bebé siente cierto grado de ansiedad cuando se separa de las personas, pero no únicamente ante la ausencia de la madre. Seguramente responderá a su madre de una manera más clara de lo que había hecho hasta ese momento y seguirá su mirada.

3.- La etapa del apego propiamente dicho tiene lugar desde los seis u ocho meses hasta casi los dos años de vida. Esta fase es realmente importante, ya que se crea un vínculo efectivo muy fuerte con su madre. En este momento de su vida se sentirá muy molesto y enfadado si su figura desaparece. El bebé disfruta estando en compañía de la madre y muchas de sus acciones se realizarán para atraer su atención y las hará en presencia de ella.

4.- Sin embargo, en la etapa posterior, en la de la formación de las relaciones recíprocas, que tiene lugar desde los dos años en adelante, el niño entenderá que la ausencia de la madre no es algo definitivo y podrá calmar su ansiedad. Además, empezará con el lenguaje y tendrá la capacidad de representarse mentalmente a su madre, lo que podrá ayudarlo a la hora de predecir su regreso.

Lo ideal en esta etapa de la vida es que la madre le explique, sin entrar en muchos detalles, los motivos de su salida y el tiempo que estará ausente. Los niños que tienen una explicación de este tipo suelen llorar menos que los que no la tienen.

Después de los tres años de edad puede que el pequeño comience a tener algunas estrategias para poder ‘pactar’ las entradas y las salidas que tienen en determinados momentos. Cuando termina la etapa de la formación de las relaciones recíprocas se habrá establecido un vínculo efectivo y sólido en donde ya no será necesario tener un contacto físico, ya que tendrá mayor seguridad por parte de su madre y sabrá que ella responderá en los momentos en que el pequeño la necesite.

El apego influirá en el desarrollo y futuro comportamiento del bebé FUENTE: pixabay.com

El apego influirá en el desarrollo y futuro comportamiento del bebé
FUENTE: pixabay.com

Así que, visto lo visto, puede que pensemos que cuando los niños son pequeños no entienden lo que ocurre a su alrededor, pero lo cierto es que todo lo que hagamos en la crianza de un hijo (lo entienda o no el niño) va a afectar a su futuro y a su desarrollo. Debemos ser afectuosos y cálidos, comprensivos y cercanos, calmados y alegres si queremos que el bebé desarrolle un apego seguro que le permita relacionarse fácilmente con su entorno social cuando crezca. A medida que se hacen mayores es importante combinar todo esto con unas rutinas diarias, con unas normas y límites establecidos y no caer en el error de la sobreprotección que tiene también efectos muy negativos sobre la autoestima, autonomía y confianza del hijo.