Hace poco hemos conocido, a través de los medios de comunicación, el caso del niño gerundense Pau, de seis años, ingresado en estado muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos por padecer difteria y no estar vacunado por decisión de sus padres.  No es el primer caso de anti-vacunación con el que nos encontramos. Pero, inevitablemente este contagio ha abierto en nuestro país  el debate sobre las vacunas. Mucha gente descubre ahora que hay movimientos anti-vacunación, las noticias nos hablan de las fiestas del sarampión como si fueran una novedad y se habla más que nunca de las mentiras de Wakefield, el culpable de que aún haya quien relacione vacunas y autismo.

El caso del niño con difteria ha abierto el debate sobre la obligatoriedad de las vacunas en los niños FUENTE: flickr.com

El caso del niño con difteria ha abierto el debate sobre la obligatoriedad de las vacunas en los niños
FUENTE: flickr.com

Lógicamente se ha planteado la discusión sobre si la vacunación de los niños debe ser o no obligatoria. Quien se opone, entre ellos muchos médicos y autoridades sanitarias, alegan que es mejor convencer que obligar puesto que la coerción consigue un efecto rebote y amplifica los alegatos de los grupos anti-vacunas. Siempre que se mantenga esta situación en la que no hay epidemia y hablamos de casos aislados. Pero, también hay otro punto de vista, quien defiende que la salud es un derecho del niño y no se puede supeditar a la formación o las creencias de los padres.

Lo cierto es que el tema es delicado. Yo, personalmente, pienso que las intromisiones en la vida privada y en la capacidad de libertad que tenemos los padres para educar y criar a nuestros hijos como nos de la gana, no son convenientes, ni en un sentido ni en otro. Pero, sin embargo, yo he vacunado siempre a mi hijo y, desde mi punto de vista, creo que es necesario. Parece una contradicción pero me baso en las evidencias científicas de que las vacunas salvan vidas, que no solo protegen a un individuo sino al colectivo y que la salud del niño es un derecho y, en cierto modo, una obligación para los padres.

Las vacunas previenen de muchas enfermedades y pueden contribuir a su erradicación FUENTE: flickr.com

Las vacunas previenen de muchas enfermedades y pueden contribuir a su erradicación
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Estamos escuchando que no hay motivo para la alarma, que ha sido un caso aislado, pero parece que solo exista la difteria. Sin embargo, recientemente ha rebrotado el sarampión en gran parte del mundo por culpa de la bajada de la inmunización grupal, lo que ha obligado en algunas comunidades españolas a adelantar la triple vírica en el calendario, y el sarampión debería haber sido erradicado en 2005. Pero hay más, por ejemplo hace unos años hubo un brote de tos ferina en California que causó la muerte de al menos 10 bebés y niños. Seguro que entre esos pequeños hubo algunos a los que no había dado tiempo a vacunar porque no tenían edad para ello.

No estamos hablando de algo que solo afecte a un individuo, creo yo, sino a la sociedad en general. Nuestros bebés, las personas inmunodeprimidas, aquellas que por cualquier motivo no pueden ser vacunadas aunque quieran, son las que deben beneficiarse de la inmunización grupal. Y, sin embargo, pueden verse expuestos a enfermedades graves porque hay gente que haya decidido no vacunarse. Al fin y al cabo, nuestros hijos se relacionan con niños vacunados y no vacunados, y creo que cuanto más protegidos estén todos, será mucho mejor. No obstante, no deja de ser mi opinión personal porque, como he dicho al principio de este artículo, el tema es delicado.

¿Vacunación obligatoria: sí o no? Me encantaría leer vuestra opinión.

4 Respuestas a “Vacunación obligatoria: ¿sí o no?”

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